Perdóname si lloro mientras sonrío.


Seis meses. Seis meses después, noté que no te había olvidado; descubrí que te seguía extrañando tanto como el primer día en que te perdí. No quería traer tu recuerdo porque sabía lo que causaría en mí e intenté disimular este día como uno más. Aun así, todo fue en vano.

Me quebré cuando menos lo esperaba y como no imaginé hacerlo, regresé seis meses atrás. Pensaba igual, sentía lo mismo: te habías ido. Se me agitaba la respiración, los ojos se me humedecían, mi visión se tornaba borrosa y tenía ese nudo en la garganta que te hace sentir que ya no puedes contenerte más. Recordé lo mucho que disfrutaba verte hacer bromas y sonreír, ese sentido del humor que conservaste todo el tiempo que estuviste a mi lado, incluso en los peores momentos. ¡Rayos! Extrañé esa alegría con locura -aún la extraño- no sabes cuánto.

En el día en que más extrañé tu sonrisa, la vida me llevó al lugar donde más te las regalan. Gané entradas para una función de circo. La adrenalina de ganar e ir hasta allá, por un instante, me aisló de tu recuerdo. Estaba entretenida con la presentación, te había dejado ir pero regresaste a mí y no lo pude evitar.

Sentada en una banca roja, dentro de esa bella carpa, llena de dulces, colores y talentos, me quebré como aquella tarde de enero. Los payasos hacían valer su reputación y con cada mueca que hacían, mis carcajadas salían fácilmente, pero junto a ellas cayeron lágrimas. Te sentí. Todo el día pidiendo revivir tu alegría y cada minuto de anhelo por verte reír, el Universo me lo devolvía en esos señores de rostro pintado, que jamás sabrán lo que hicieron por mí. El día en que más quise verte reír, reí yo.

Disculpa mis lágrimas, pero te extraño y no me queda duda. Disculpa si no quiero pensarte, pero aún soy débil. Y disculpa si escondo mi sonrisa, pero es que me falta la tuya. Quiero tu mano buscando la mía, sujetándola tan fuerte como para que no me vaya. Extraño tus dedos aferrados a los míos, no sabes cuánto. Extraño tus besos en mi mano o en mi mejilla, no sabes cuánto. Extraño aquellos abrazos cuando me recostaba a tu lado, no sabes cuánto. Te extraño a ti, no sabes cuánto.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Querido Blog: hola de nuevo

No existe la cordura si hablamos de amor

Las promesas se cumplen